
Una vez un maestro espiritual, estaba tratando de explicarle a una muchedumbre cómo reaccionan los seres humanos a las palabras, cómo se alimentan de ellas, cómo viven de ellas, en lugar de vivir de la realidad. Un hombre se puso de pie y protestó:
_No estoy de acuerdo con eso de que las palabras produzcan tanto efecto en nosotros.
El maestro le contestó:
_Síentese, hijo de perra.
El hombre palideció de la ira y expresó:
_Usted afirma que es una persona consciente, un maestro y deberia avergonzarse.
Entonces el maestro le dijo:
_Perdóneme, señor, perdí los estribos. Realmente, le ruego que me perdone; fue un error; lo siento.
Finalmente, el hombre se calmó.
Entonces el maestro le dijo:
_Se necesitaron unas pocas palabras para que surgiera en usted toda una tempestad; y se necesitaron sólo unas pocas palabras para calmarlo, ¿no es así?
Palabras, palabras, palabras, ¡cómo aprisionan si no se usan correctamente!
Debemos pensar, antes de hablar, lo que decimos, porque aún diciéndolas bien, las palabras las pueden llegar a malinterpretar.
ResponderEliminarUn beso.
La idea es vivir más de acción y dejar de hablar y prometer tanto...
ResponderEliminarUn abrazo amiga y bendiciones.
Saludos para todos en casa