02 diciembre, 2011

El hombre a quién nadie dio amor




Había una vez un viejo que nunca recibió un poco de amor. En toda su vida nunca había aprendido a amar, a vivir con alegría y ni siquiera se decidía a morir. No sabía ni llorar ni sonreír. Todo lo que sucedía en el mundo no le interesaba; ni le hacía triste ni alegre. Nada le asombraba. Todas sus horas y jornadas las pasaba delante de su choza sin dignarse a mirar el cielo, ni hablar con nadie. A veces algún pasajero le hacía preguntas; era tan viejo que la gente lo creía sabio y quería aprender algo de él. Por ejemplo le preguntaban: ¿Qué tenemos que hacer para alcanzar la felicidad? “¿La felicidad? -Respondía- Es un invento de hombres necios”

“¿De qué manera podemos trabajar por los demás y ser útiles a nuestros hermanos?” -le preguntaban algunos jóvenes deseosos de hacer algo bueno.

“Quién se sacrifica por la humanidad es un loco”, contestaba el viejo con una mueca siniestra.

“¿Cómo podemos orientar a nuestros hijos hacia el camino del bien”? le preguntaban ciertos padres. “Los hijos son unos serpientes” los calientas en tu regazo y ellos te van a matar con sus mordeduras venenosas". Hasta los artistas y los poetas se iban a consultar al viejo a quien todos creían lleno de sabiduría y experiencia. “Enséñanos a expresar las fantasías y sentimientos que tenemos en el alma” le preguntaban. “Mejor sería que se callaran” les contestaba el viejo.

De a poco, estas respuestas malas y tristes influenciaron al barrio entero. Su pesimismo envenenaba a todos. Y esto no le gustó a Dios que decidió remediar la situación. Llamó a un niño y le dijo: “Vete junto aquel pobre viejo y dale un beso“ El niño obedeció, rodeó con sus brazos el cuello del viejo y le estampó un beso húmedo y fuerte en su mejilla arrugada. Por primera vez el viejo se conmovió. Sus ojos turbios se iluminaron y las lágrimas humedecieron sus mejillas. Nadie nunca le había dado un beso así. Y sucedió que abrió sus ojos a la vida y luego murió sonriendo.

Afirman los psicólogos que si un niño no recibe amor desde sus primeros años de vida, difícilmente llegará a dar amor. Le quedará en el alma el deseo irresistible de ser amado y a la vez un rencor por no haber recibido amor. La única manera para que florezca el amor en una persona es amarla de veras superando todas las ingratitudes y obstáculos. Si no se siembra amor, no se cosecha amor.

Estamos en un tiempo propicio para brindar lo mejor de cada uno y dar de aquello que todos tenemos, que a nadie sobra y a muchos falta. Cariño


Tomado de: CUENTOS PARA PENSAR Pbro. Pedro Chinaglia Salesiano (SDB

1 hacen florecer:

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