
Cuentan que en cierta ocasión, en un banquete, el entonces nuncio Roncalli, futuro papa Juan XXIII, se sentó junto a un famoso político de ideas muy contrarias a las de la Iglesia. Y tras charlar sobre tantas cosas, alguien oyó que el nuncio comentaba sonriendo. : "Total, a usted y a mí, lo único que nos separa son las ideas".
No es que Roncalli no les diera importancia a las ideas. Es que no les daba ese puesto único y central que solemos darles nosotros. Sabía que, incluso dos personas de ideas opuestas, pueden tener mil caminos de acercamientos en sus vidas. Sabía que, cuando dos se quieren, empiezan a acercarse hasta en las ideas o comienzan a descubrir que
sus ideas no estaban tan opuestas como imaginaban.
Sucede en cambio que dos corazones fríos e indiferentes acabarían riñendo incluso cuando tienen las mismas ideas. Por suerte o por gracia de Dios, el ser humano es más ancho que sus ideas.
Lo malo de los hombres que creen solamente en su razón, los "dogmáticos", es que comienzan con defender sus ideas, pasan a defender sus maneras personales de formularlas, confunden finalmente sus ideas como si fueran verdades infalibles y necesarias. Y así ideologizan su pensamiento. El fanatismo, con todas las violencias que
comporta, es el punto final de esta actitud racionalista. En la Iglesia estamos entendiendo ahora, con muchos siglos de retraso, que el clericalismo no tiene mucho que ver con la fe. Por el contrario, el clericalismo es una ideología que absolutiza una verdad parcial y las convierte en verdad total, absoluta. Quedan marginadas así, muchas otras verdades que habrían podido ocupar su lugar en el conjunto de la revelación cristiana.
Recién ahora, a los 35 años después del Vaticano II, he decidido no poner en mi firma el título de Sacerdote (Sac), sino el de presbítero: (Pbro). He comprendido que todos los bautizados participamos del único sacerdocio de Jesucristo y que, el haber recibido el sacramento del orden, no me hace más sacerdote que los demás sino únicamente 'ministro o siervo del sacerdocio común o bautismal.
Follreau tiene un libro que se titula "La única verdad es amarse" y a mi me parece una afirmación sagrada como un templo. Yo sé que el amor es la única carta que llega siempre a su destino, aunque tenga la dirección equivocada.
Tomado de: 259 cuentos.
Muy bien la elección de tu post. Un abrazo
ResponderEliminarEl amor es el unico camino... el verdadero.
ResponderEliminarUn saludo
Ideas que nos separan, pensamientos varios cada uno desde su manera de pensar, interesante tu entrada.
ResponderEliminarUn beso.